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domingo, octubre 14, 2007

Tintín

Todo un siglo
Con la muestra, en el Centro Georges Pompidou, en homenaje a Georges Remi, Hergé, con motivo de su centenario (nació Etterbeck, cercana a Bruselas, el 22 de mayo de 1907, y falleció en la misma ciudad el 3 de marzo de 1983), su héroe, el andariego reportero Tintín, ha sido el primer héroe del cómic o historieta, que ingresa en esa sala e inicia, de esta manera, una serie de homenajes que se han extendido por toda Europa, pues la efemérides rebasa el ámbito de la expresión cultural francesa. Tanto es así que, por ejemplo, la revista Orbis Tertius ha dedicado un número al ilustre peregrino. Baste recordar, a propósito, que su primer traductor al castellano, dicho sea de paso, fue el bilbaino José Miguel de Azaola.
Si es verdad, como señalaba Borges, que el Quijote es más famoso que Cervantes, Tintín ha superado, en el mismo sentido, a su creador, Hergé. Tintín encarna una realidad festiva junto a sus compañeros de aventuras, el no menos famoso perro Milú y el tronante capitán de siete mares, Archibald Haddock. Afirma Michel Tournier que la filosofía de Tintín es simple: 'El mundo no es más que una colección de maravillas, ¡partamos pues a descubrirlas!' Por lo tanto, su destino es hacerse al camino.
El viaje es la constante de los libros del personaje, y Hergé hace recorrer, en sus primeras excursiones, a Tintín, por el País de los sóviets, América, el Congo, Oriente y Extremo Oriente.

Posteriormente, el aspecto geográfico irá perdiendo importancia en sus aventuras y el viaje, en sí mismo, a favor del enriquecimiento personal y espiritual del personaje. Y, en consecuencia, más tarde, el inquieto reportero belga (que escribe para Le Petit Vingtieme) parte en busca de un amigo o de un objeto mítico perdido, fascinado siempre por el hecho de andar y ver, que es para lo que se hicieron los caminos, según Camilo José Cela. En sus primeros viajes, como recuerdan los tintinófilos, era un reportero que visitaba en los lugares donde había que estar en aquellos momentos, es decir, se desplazaba a 'las zonas calientes' a las que los demás periodistas del mundo visitaban, precisamente en busca de las mismas informaciones. Hablamos de los años 30, 31 y 32, y Tintín entonces observa qué sucede en la revolución soviética; se desplaza al Africa y a Estados Unidos, que por entonces comenzaba su marcha en el mundo. De esta manera, en variadas oportunidades, las conclusiones de Tintín encierran críticas al mundo en torno, respecto de las tierras que pisa y de lugares que, como testigo, recorre de arriba a abajo. Es lo que sucede con sus andanzas por la Unión Soviética, o bien en América, enfrentando a los tristemente célebres gángsters de Chicago.
Y también viajará a Egipto, en tanto en Arabia llegará hasta los espejismos y visitará, por cierto, la India colonial. En El Loto Azul seguimos sus andanzas en los laberintos del Extremo Oriente sin dejar nunca de inmiscuirse en realidades puntuales y concretas de la hora. Se trasladará, asimismo, a América Latina en procura de un fetiche, perteneciente a una tribu imaginaria (los arambuyas) que ha sido robado; y el tráfago de estas andanzas, en medio de paisajes tropicales muy exóticos, se estructura sobre la base de un mecanismo narrativo singular, es decir, atribuir a un tercero la descripción del mundo que visita: para el caso, el pintado por el historiador robado.
A medida que pasa el tiempo y crece el éxito de los álbumes de Hergé, Tintín afronta desafíos de mayor singularidad, los que precisamente permiten conocerlo mejor. Merced a sus andanzas por mundos desolados -el desierto, el Polo, incluso la Luna- el reportero de los pantalones bombachos y la gabardina, siempre apresurado, es observado en sus despalazamientos por esos caminos que para andar se hicieron, con una lupa, en forma personalizada casi y, por cierto, los suyos se asemejan a los viajes interiores, los viajes hacia uno mismo en el enriquecido retorno de tantas vueltas por el mundo, que para él fue ancho pero nunca ajeno.
Sostiene Camilo José Cela: 'El camino se hizo para ser caminado, no para ir a lado alguno sino por el mero y angélico placer de caminarlo'. Hergé, en esencia, compartía estas palabras y, a través de su personaje memorable, Tintín, un romántico fascinado con una mochila por corazón, aunque hayan pasado cien años sigue vivo porque ha superado el viaje como excursión para convertirlo en deliciosas paseatas enriquecedoras. Un siglo después, los seguidores de sus aventuras lo están recordando en el mundo, incluso aquí, como no podía ser de otra manera.

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