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lunes, junio 04, 2007

Patti Smith

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Triunfa en la última jornada del festival Primavera Sound
Patti Smith desmelenó al público que abarrotaba el Parc del Fòrum de Barcelona en la tercera jornada del festival Primavera Sound, y demostró que, para las estrellas del rock, los años parecen pasar en vano. La artista, de 60 años, apareció en el mayor escenario del recinto del Fòrum ataviada con unos tejanos viejos, una camiseta blanca, un jersey negro y con un gorro, ante la aclamación y los aplausos de los espectadores.
El público ofrecía una imagen bien variopinta y heterogénea, donde se mezclaban los jóvenes que iban a pasar toda la noche al festival y no querían dejar pasar la oportunidad de ver a Patti Smith, y un público más selecto, que superaba los 30 y los 40 años de media, fieles seguidores de la trayectoria de la artista neoyorquina de adopción.
Con un público dispuesto a dejarse llevar, una gran artista en el escenario acompañada de una buena banda y una agradable brisa marina que templaba el ambiente, todo hacía presagiar una gran noche de rock and roll. Smith y su banda ofrecieron una hora y quince minutos plagados de temas de su nuevo disco "Twelve", en el que versiona sus recuerdos musicales favoritos, y también de algunos de sus temas más populares y conocidos, que hicieron botar incluso al espectador más precavido.
El derroche de energía de Smith empezó bien temprano, con un clásico, "Set me free", del álbum "Easter", canción que fue la encargada de abrir el recital y que dejó entrever por donde irían los tiros. La artista se atrevió a cantar, tocar la guitarra e incluso el oboe, instrumento que tocó durante el tema "Are you experienced?", de Jimmy Hendrix, con el que Smith recuerda el encanto y la timidez del músico de Seattle.

El primer punto álgido de la velada llegó con la interpretación de dos canciones míticas, "Because the night" y "Pissing in a river", que hicieron vibrar a todos y cada uno de los espectadores, entre los que se veía a cuarentones y cincuentones brincando alegremente, cantando y con cara de estar encantados de haberse conocido.
El público coreó emocionado el estribillo "because the night belong to lovers, because the night belongs to lust", de la canción que originariamente compuso el gran Bruce Springsteen y que Patti Smith grabó en 1978 en el álbum "Easter". Smith disfrutó viendo a un público entregado y encandilado con su música, y demostró que actuar junto a una banda integrada por grandes artistas es una de las claves del éxito.
La emoción y el goce no decayeron ni un minuto, y el segundo momentazo de la noche llegó con la reinterpretación de un clásico entre los clásicos, también integrado en su último disco: "Smells like teen spirit", de los malogrados Nirvana. Smith desmoronó con este tema el tópico que dicta que las segundas partes nunca fueron buenas, y bordó el que fue el himno de toda una generación.
Smith, que el marzo pasado ingresó en el Salón de la Fama del Rock, no cesó de bailar, saltar y animar a los asistentes durante todo el concierto, y mostró un enorme colgante con el símbolo de la paz alrededor del cuello, con el que hizo viajar en el tiempo a todos los presentes hacia los "hippies" ochenta.
La catarsis definitiva llegó con la última canción, "Rock N Roll Níger", en la que la icono del rock lanza una dura crítica contra la sociedad racista imperante en los Estados Unidos de los años setenta. El público, intuyendo que terminaba el recital, decidió echar toda la carne en el asador y acabar la magnífica velada por todo lo alto, animado por los acordes de guitarra y los redobles de la batería.
Con el personal coreando su nombre, Smith retó a los espectadores y les soltó "We can change this fucking world", ante lo que el público respondió con una sonora ovación. Pese a los intentos de la gente, que se quedó plantada como un palo en el escenario gritando "Patti, Patti" por si caía alguna canción más, la rockera nacida en Chicago dio por terminado el concierto.
Mientras la gente, con una sonrisa en el rostro, desalojaba el inmenso escenario del recinto del Fòrum, una imagen llamaba poderosamente la atención: un padre y su hijo se iban, tranquilamente, comentando el gran concierto que acababan de presenciar. Y es que el buen rock es lo que tiene, une generaciones.

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